La autoestima

¿Qué es la autoestima?

Autoestima es la valoración positiva del concepto que tenemos de nosotros mismos. Para valorarnos a nosotros mismos, hacemos una comparación entre nuestro yo real y nuestro yo ideal, entendiendo como yo ideal, el yo que nos gustaría ser, o el que creemos que deberíamos ser.

El yo ideal está creado en base a la comparación con otros individuos, o en base a lo que se espera de nosotros. En esta comparación se genera una distancia entre lo que somos y lo que nos gustaría ser, e incluso lo que creemos que tenemos que ser.

La actitud que tenemos a la hora de gestionar esta distancia es nuestra autoestima. Hablo de autoestima cuando el yo real es estimado, y de falta de autoestima cuando el yo real es rechazado.

Tipos de autoestima

Tan solo hay un tipo de autoestima, lo que sí existen, son grados de intensidad en nuestra autoestima. Es por eso que se suele hablar de baja autoestima, o de subir nuestra autoestima.

Existe una confusión muy frecuente relacionada con la autoestima en lo referente a personas que tienen hábitos serviles.

Servir a los demás es una manifestación de una autoestima sólida, pero siempre y cuando esta “servidumbre” carezca de “jerarquías”, de necesidad de “ser vistos”, y de endeudamiento hacia nosotros por parte de la persona “servida”.

En la práctica puede resultar imposible reconocer cuanto de jerarquía, visibilidad, o endeudamiento hay. Esto se debe a que frecuentemente están entremezcladas con un agrado por servir. Pongo un ejemplo:

Ejemplo de motivos por los cuales revisar nuestra autoestima

Organizo y coordino la fiesta de cumpleaños de una amiga, lo cual me lleva muchas horas de mi tiempo libre y esfuerzo para conseguir que todo quede según lo deseado.

En esta situación lo hacemos porque estimamos a nuestra amiga, y a la vez puede haber partes de “ jerarquía, necesidad de ser vistos, o endeudamiento”.

Lo que es lo mismo; lo estamos haciendo por ambos motivos a la vez. En ese caso se trata de ser conscientes de cuánto de lo uno y cuánto de lo otro hay. No se precisa nada más.

Ser conscientes de ello a la hora de vivirlo, siembra la semilla para tomar decisiones más conscientes en la siguiente situación.

Evidentemente un indicador fiel será nuestro estado emocional durante la coordinación, durante la fiesta, y sobre todo en cómo reaccionamos emocionalmente si el reconocimiento no es el esperado, o si esa persona no nos “devuelve” lo que le hemos dado.

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Los niveles de autoestima

Estos niveles son el grado de: Aceptación, motivación, comprensión, que tenemos de nuestro yo real. Tratar a nuestro yo real como a un niño consentido, o como a un enemigo a vencer, son dos caras del mismo error, dado que hay el mismo amor en una caricia como en la imposición de un límite.

Otra confusión muy frecuente es pensar que la baja autoestima solo genera actitudes de inferioridad e introversión. Una persona egocéntrica, o ególatra está manifestando una falta de autoestima.

La autoestima es el pilar de la asertividad, que en esencia es no perder de vista, que tras las diferencias entre individuos siempre estamos relacionándonos con alguien esencialmente igual a nosotros.

Quizá utilice roles diferentes al hablar con el director de la empresa en la que trabajo, que al hablar con un mendigo que pide limosna, pero es importante para mí no dejar de percibir que en realidad, el director, el mendigo, y yo tenemos idéntica esencia.

En resumen, nuestra autoestima se intensifica cuando sentimos que nuestras diferencias no nos hacen diferentes sino complementarios.

Cómo mejorar la autoestima

Por lo tanto nuestra relación con nuestro yo real ha de ser similar a que tienen unos padres con un hijo. Partiendo de una base de amor incondicional se alternan expresiones de cariño con imposición de límites. Se alternan reconocimientos con exigencias.

En definitiva se dota al “niño” (yo real) de herramientas para encontrar la meta suprema de todo ser; la paz interior. Esto es enseñar a nuestro yo real a encontrar un equilibrio entre autoexigencia y autoreconocimiento.

Qué es la autoestima baja

La autoestima baja, es tratar a nuestro yo real como se educaría a un niño consentido, o bien tratarlo como se educaría a un niño de forma cruel.

Existen varias maneras de manifestar la baja autoestima:

  • Reaccionando con cierta “inferioridad” hacia las demás personas o situaciones.
  • Reaccionando con cierta “superioridad” hacia las demás personas o situaciones. 
  • Procrastinando acciones o decisiones que deseamos.
  • Enjuiciando a nuestros semejantes y nuestro entorno.
  • Idealizando o despreciando personas o situaciones.
  • Teniendo hábitos y conductas destructivos para nuestra salud.
  • Manipulando a las personas y situaciones para conseguir un propósito unipersonal.
  • Desde la perspectiva metafísica, la falta de autoestima es la identificación con el concepto del Yo (ya sea el real o el ideal), y la correcta autoestima sería identificarse con lo que comúnmente se denomina el ser.

La autoestima y el autoconcepto

El autoconcepto en definitiva es “una sentencia judicial” que emitimos sobre nosotros mismos. 

Hay personas que llevan consigo a un verdadero inquisidor para sí mismos.

El Juicio suele tener veredicto de culpabilidad. El “culpable” puede aceptar la sentencia, lo cual lleva a: “los demás valen más”, o bien se revela contra ella, “los demás me quieren ajusticiar y me defiendo”, o bien se convierte en mártir “mirad, soy un pobrecito que sufre mucho”.

Subir y reforzar la autoestima

El mecanismo mental que produce una baja autoestima, es en esencia idéntico al que mueve a un niño a llorar por un juguete que no estaba utilizando, solo porque otro niño lo ha cogido.

Digamos que es la versión adulta de la pataleta infantil. Yo no quiero lo que tengo o soy, sino lo que tiene o es el otro. 

El mejor remedio para las conductas infantiles es madurar. Es evidente que un ser humano madura cuando encuentra un equilibrio entre reconocimiento y exigencia.

En situaciones nos comportamos como un crío inmaduro consentido, y en ocasiones tenemos conductas de autoexigencia realmente crueles.

La autobservación y el autoconocimiento nos permiten localizar estas polarizaciones que suelen llevarnos a estados emocionales indeseados.

Autoestima y la metafísica

Desde la perspectiva cognitiva la autoestima gira entorno a la valoración del Yo real respecto al Yo ideal. 

Desde la perspectiva metafísica esto no es necesario, pues lo que se busca es la desidentificación con el concepto del Yo, tanto el real como el ideal.

Digamos que desde la metafísica, no hay un YO que comparar con otras personas, sino que la separación y diferenciación entre personas realmente no existe. Se trata de un error de percepción similar al que nos lleva a percibir la tierra plana cuando realmente es redonda.

Cómo se forma la autoestima

Evidentemente cuando somo niños se forjan los pilares básicos de nuestra autoestima. Lo cual no vale como excusa para convertirnos en víctimas de nuestro pasado.

No eres lo que te pasó, eres lo que haces para sacar provecho de ello aprendiendo. Mi padre alcohólico me golpeaba, y nunca me quiso. Evidentemente tu padre tiene un problema con el alcohol, y si quiere salir de ello deberá asumir la responsabilidad de su salud.

De igual modo tu autoestima y tu felicidad, son tu responsabilidad y si la deseas has de actuar en consecuencia.

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