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Padres conscientes

Elevarse a un estado superior de consciencia

Desde mi punto de vista, un nivel superior de consciencia quiere decir que delante de una situación vivencial, tengo la capacidad de alcanzar paz.

Desde esta perspectiva una paternidad consciente será aquella que, una vez sacada la media, entre las situaciones de conflicto y las de armonía, el resultado medio da niveles de paz satisfactorios.

¿Entonces qué debemos hacer, para que haya paz? ¿Dejamos qué nuestros hijos hagan lo que les dé la gana, y luego pagamos las consecuencias?

Dejar a los hijos que hagan lo que les dé la gana, no tiene que ser sinónimo de estar en paz, pues probablemente estemos dejando de insistir en su educación, para evitar el enfado, pero estamos pasando a la pasividad generando culpabilidad.

Sustituir enfado por culpabilidad, es un trueque disfuncional, pues ni lo uno ni lo otro aporta paz.

Ahora también tienes opción de escuchar la publicación de padres conscientes. Muy útil si estás viajando, en el tren o no tienes ganas de leer 🙂

Ser consciente no es una técnica

No es lo que se hace, lo importante, es desde qué lugar interno se hace. Invertir energía, y constancia en que nuestro hijo apruebe en el colegio, es lo que nos toca como padres, pero, desde qué estado interior vivimos eso, es la clave para hablar de nivel de consciencia elevado o no.

La crianza basada en el aprendizaje

Cuando a lo largo de nuestra vida, evitamos aprender algo relacionado con aumentar nuestro nivel de consciencia, la vida nos lo suele traer de la mano de un hijo.

Pondré un ejemplo real:

Un matrimonio con dos hijos, (niño y niña), que tiene problemas de convivencia por constantes discusiones y enfados.

Acaban divorciados porque no se aguantan, y se separan sin haber aprendido lo que el otro miembro les estaba enseñando, y que era imprescindible para aumentar su nivel de consciencia.

Una vez separados ella encuentra que su hija tiene en esencia aquello que no aceptaba de su marido, y él encuentra que su hijo tiene en esencia aquello que no aceptaba de su mujer.

En el caso del ejemplo, ambos miembros del matrimonio roto, sienten un amor más incondicional hacia sus hijos del que en su momento sentían hacia su pareja.

Esto les lleva a no “escabullirse” del aprendizaje, y tras una lucha titánica acaban aprendiendo, y siendo conscientes de lo que no supieron entender de su expareja en su momento.

Aprender de alguien sin obrar igual

Con esto no quiero decir que no debamos separarnos de nuestras parejas si lo consideramos necesario. Lo que quiero decir es que intentemos ser conscientes del aprendizaje que nos han traído a nuestra vida, o podemos repetir la misma historia, ya sea con nuestros hijos, o con nuestra siguiente pareja.

Por lo tanto, nuestros hijos nos pueden traer la lección más necesaria, y normalmente, la que más nos negamos a aprender.

Evidentemente el universo no da puntada sin hilo, y nosotros solemos tener la que ellos necesitan aprender.Por pura deducción, aquello que no aceptamos de nuestros padres, apunta a otro aprendizaje inconcluso.

Quisiera aclarar, que aprender no quiere decir dar por correcto lo que nuestros hijos, pareja, o padres hacen.

Yo puedo aprender que estoy ejerciendo una paternidad excesivamente presente y controladora, de un padre que no se preocupe de sus hijos lo más mínimo, pero el aprender esta lección reflejándome en él no quiere decir que yo apruebe una paternidad sin responsabilidad.

Contacto con nuestra esencia

Nuestros hijos carecen de experiencia en lo referente al entorno en el que han nacido, y tienen menos vivencias acumuladas, pero eso no nos pone a nosotros en un nivel de consciencia superior al suyo.

Desde una perspectiva espiritual, no venimos al mundo en blanco, sino con una inercia vivencial concreta que guarda relación con aprendizajes pendientes de errores muy anteriores a nuestro nacimiento. 

A esta inercia los orientales le llaman karma.

Esto llevado al seno del hogar quiere decir que nuestros hijos y nosotros somo iguales en esencia, y que nosotros simplemente conocimos antes el entorno en el que han nacido.

Ver a nuestros hijos como iguales o complementarios a nosotros en esencia, sin por ello perder la autoridad paternal, nos enriquece a la hora de relacionarnos con ellos.

Ser amigos de nuestros hijos, puede acabar desordenando los roles familiares, y eso suele generar dificultades.

 Pero ejercer una paternidad en que no podemos percibir que hijos y padres son maestros mutuos, nos lleva a una reducción de nuestros recursos como educadores.

En este punto podemos entrar en educar un hijo a nuestra medida, en base a nuestras carencias, anhelos, y frustraciones, en lugar de darle herramientas neutras para que tome sus decisiones y aprenda de sus éxitos y errores.

Por otra parte decir que la paternidad no puede ser totalmente “democrática”, ya que en ocasiones es preciso el “totalitarismo”, a la vez que una paternidad totalitaria acaba por ser disfuncional a la corta o la larga.

RELACIÓN ESPIRITUAL MÁS ALLÁ DE FAMILIAR

La idea más extendida respecto al núcleo familiar es que nuestros hijos son un producto nuestro.

Desde una visión más espiritual, nuestros hijos nacen en nuestro clan familiar, porque nuestro clan tiene una resonancia equivalente a lo que esa nueva vida física viene a experimentar.

A modo aclaratorio, decir que hablo de resonancia, haciendo referencia a la frecuencia con la que vibramos. 

O sea, en función de nuestro grado de identificación con miedo, duda, ataque, etc, más baja será nuestra frecuencia vibratoria, y viceversa cuanto más identificados con la paz. 

Digamos que nosotros tenemos características que favorecen a vivenciar ciertas situaciones que precisan experimentar, para poder cambiarle el sentido, y de ese modo solventar los errores que le “atan” a la inercia de repetir una y otra vez vivencias similares, ya sea en un cuerpo físico, o en forma de identidad no física (karma).

Cambiar el foco de la relación

Cambiar el foco no quiere decir dejar nuestra manera de educar y adquirir una nueva. Simplemente se trata de enriquecer la que ya tenemos.

Ser alumnos de nuestros hijos no le resta ni un gramo de autoridad a nuestra paternidad.

Imaginemos un profesor de prácticas de una autoescuela desquiciado ante la torpeza de su nuevo alumno que no alcanza a salir del semáforo sin que se le cale el coche.

El profesor puede sentirse mucho mejor conductor que su alumno sin saber que ese alumno se llama Fernando Alonso, y llegará a ser un gran piloto de fórmula 1.

También Fernando Alonso una vez laureado, puede reírse de su exprofesor, sin saber que de haber tenido sus mismas oportunidades quizá hubiese sido mejor piloto de fórmula 1 que él.

Beneficios de ser padres conscientes

A nuestros hijos no les enseñamos solo con lo que decimos y lo que hacemos. De hecho el aprendizaje que más profundamente cala en nuestros hijos, es la frecuencia en la que vibramos, es decir, el estado emocional en que nos encontramos cuando decimos o hacemos algo.

Por ejemplo, si yo me muestro disciplinado para ser ejemplar, pero no lo siento, a lo que realmente enseño a mi hijo es a ser incoherente.

Si queremos paz y libertad para nuestros hijos, comencemos por encontrar nuestra paz, y nuestra libertad personal en este preciso instante, y en estas circunstancias actuales de hoy.

Si somos mezquinos con nosotros mismos, eso es lo enseñamos a nuestros hijos, y sin pretenderlo les estamos dando lastres que les costarán mucho cortar, e incluso pueden rechazarnos por ello sin ni siquiera ser conscientes de porqué nos rechazan.

El mayor beneficio de ser padres conscientes es que al enseñar a nuestros hijos a ser autosuficientes, libres, orgullosos, humildes, en definitiva LIBRES, acabamos aprendiéndolo nosotros, pues la mejor manera de aprender es enseñando.

Criar para los hijos y no para los padres

En ocasiones caemos en el absurdo de pensar que la vida de nuestros hijos, es la segunda parte de las nuestras, 

Esa segunda parte en la que gracias a los errores que cometimos en el pasado nuestros hijos podrán ser lo que nosotros hubiésemos sido, de no ser por esos “tropiezos inoportunos”.

Entonces “por su bien” intentamos modificar sus trayectorias, pero rara vez eso resulta funcional y satisfactorio.

Cierto es que nuestros hijos tienden a vernos como dinosaurios ignorantes que vivimos en una dimensión paralela, ya que el mundo ha cambiado mucho, y nosotros no nos enteramos de nada. Sin ser conscientes de que en esencia, el mundo de antes y el de ahora tienen más en común de lo que pueda parecer.

Evidentemente la paternidad tiene más de arte que de ciencia.

Lo que quiero dejar claro con mis palabras es que ser padres conscientes simplemente es abrir el ángulo de visión respecto a nuestro rol paternal.

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