ūü•á El sentido de la vida | Soluciones Emocionales

El sentido de la vida

¬†¬ŅSer felices?

Cada cual tiene su propia idea de lo que es la felicidad, y por tanto, el sentido de la vida es como alimentarse, que en esencia se trata de calmar el hambre, pero cada cual tiene su preferencia y modo.

El sentido de la vida puede ser ejercer una profesión que nos apasione, compartir con nuestra familia, ayudar a la sociedad, superarnos a nosotros mismos, y miles de motivos similares combinados. 

En esencia todos esos sentidos de vida, son medios a través de los cuales sentirnos realizados, y por lo tanto sentirnos en paz y felices.

Necesidades psicológicas básicas

Existen tres necesidades psicológicas básicas que el ser humano debe sentir cubiertas, pues son los cimientos sobre los que se sustenta la paz, y por tanto, la felicidad.

Seguridad

Esto es, la sensación subjetiva de poder sobrevivir, y tener recursos para sustentar la supervivencia.

La conclusión real o ilusoria de carencia de seguridad produce miedo. Si el miedo es muy intenso, o se mantiene en el tiempo, su resultado será ansiedad y pánico.

Libertad

Esto es, la sensaci√≥n de sentirse due√Īo de las propias decisiones, y la posibilidad de desarrollarlas.

La conclusión real, o ilusoria de su ausencia produce enfado. Si es muy intensa o mantenida en el tiempo dará lugar a la ira.

Amor

Es la conclusi√≥n de que aportas e importas a otras personas. 

La conclusión real o ilusoria de su carencia produce tristeza, y su aumento de intensidad o perduración temporal produce depresión.

Autorrealización y el sentido de la vida

La vida física no puede aportar una plenitud estable de las tres necesidades expuestas; seguridad, libertad y amor. 

En el caso de la seguridad, es ineludible la enfermedad y la muerte.

¬†En el caso de la libertad, hay m√ļltiples situaciones en la vida en que tenemos que adaptar las decisiones a lo que acontece, y no a lo que deseamos que ocurriera.

En el caso del amor, todo aquel amor proyectado sobre algo físico, es susceptible de ser perdido, y por tanto su consecución lleva adosada el miedo a perderlo.

Es por eso que en todas las culturas humanas, se ha llegado a una misma conclusión: 

La felicidad nos se puede sustentar en el mundo físico, sino a través de él propio mundo físico conectarse con una fuente de seguridad, libertad, y amor inagotable y totalmente accesible.

A esta fuente se la llama, Brhaman, Alá, Yavhé, Tao, Dios, Universo, Innombrable, Naturaleza, Inteligencia superior, etc, etc.

En base a esos nombres diversos para citar esa fuente de seguridad, libertad, y amor, se crearon dogmas de fe, leyes severas, manipulación de las masas, asesinatos, y todo tipo de locuras.

La religi√≥n y la espiritualidad tienen un v√≠nculo muy pr√≥ximo, de igual manera que el deporte y el f√ļtbol lo tienen.

De igual manera que en el f√ļtbol, en la religi√≥n aparece el integrismo, la exclusi√≥n, el rechazo, los dogmas de fe, etc.

En ese punto la religión, que en esencia tiene un origen y un fin totalmente amoroso, se convierte en un sucedáneo de baja calidad que acaba por causar desprecio para las personas que por desconocimiento atribuyen el integrismo a la religión en sí misma.

 A modo de s√≠mil, en mi opini√≥n la religi√≥n distorsionada, es a la espiritualidad, lo que la pornograf√≠a es al sexo.

Para esto solo hay que imaginar dos actores porno grabando una película, e intentar imaginar su emoción interior, y compararla con la que puedan sentir dos personas que se aman profundamente y se funden en un acto sexual.

La vida no tiene sentido, la vida sí tiene sentido

Ambas son reales y falsas, pues el sentido de la vida es lo que nosotros escribimos en un libro en blanco. Esto quiere decir que en cada presente que vivimos disponemos de la opción de darle o quitarle sentido, y es una decisión totalmente personal y subjetiva.

Por tanto la felicidad es un ingrediente que nosotros hemos de a√Īadir a una situaci√≥n que en esencia es neutra. En esencia la felicidad es una opini√≥n.¬†

El acontecer de las vivencias presenciales, suele no coincidir con nuestro deseo, y en esos casos nos resistimos a lo que acontece. El presente es el resultado de una interacción holística de factores, y por lo tanto no es una venganza, un castigo, o mala suerte, sino una consecuencia de una suma infinita de factores que desconocemos.

Esto quiere decir que la vida ‚Äútiene raz√≥n‚ÄĚ, y nosotros dado nuestro desconocimiento de todos los factores que han influido sobre el resultado, nos negamos a ello, despu√©s intentamos ‚Äúnegociar‚ÄĚ, pasamos a enfadarnos, despu√©s nos entristecemos y finalmente aceptamos.

Este paso por el proceso, es calcado a las tan conocidas cinco fases del duelo de la psicología.

A lo largo de nuestra vida podemos quedar enganchados en una de esas cinco fases respecto a la realidad, y esto se refleja con características personales. Personas en frecuentes estados de negación, enfado, tristeza, etc.

Tambi√©n sucede que tenemos partes de nuestro pasado que tenemos ‚Äúatascadas‚ÄĚ en el punto de tristeza, otras en negaci√≥n, otras en enfado, etc, y esto nos lleva a vivir situaciones que dan forma a esos estados mentales, negaci√≥n, tristeza, enfado.

Es por eso que una persona que tiene ira también siente al mismo tiempo ansiedad y tristeza.

Tristeza, ansiedad, y enfado son la santísima trinidad del ego, y por tanto son inseparables, pues son una misma cosa manifestada en tres estados diferentes, de igual modo que el agua hace con sus estados; sólido, líquido, y gaseoso.

Buscar el sentido de la vida

Evidentemente, est√° dentro de nosotros por muy topicazo que parezca.

Es habitual resistirse a que entre lo no deseado en nuestra vida, y a la vez resistirse a que se marche lo que deseamos una vez logrado. 

Esto nos lleva a un estado de resistencia continua que nos destroza psicológica y físicamente, puesto que resistirse a que entre, o resistirse a que salga son exactamente la misma cosa, y la resistencia es igual a estrés, y por tanto a dolor emocional y físico.

Es por eso que la aceptación es la solución. No por ello hay que renunciar al mundo y convertirnos en vegetales. Se trata de interactuar con la vida en función de lo que sintamos hacer, o realizar aquello que es nuestro deber adquirido.

De lo que hay que desapegarse, es del fruto de la acción, o del resultado de la misma, pues la vida es algo que se manifiesta a través de nosotros, y no la consecuencia de lo que hacemos.

Entendernos hacedores de nuestra vida, o desvincularse totalmente de ella, llevan a la trinidad de ansiedad, enfado, tristeza irrevocablemente, con una intensidad equivalente al grado de identificación que tengamos con ser hacedores y recolectores del fruto o la consecuencia del acto, o equivalente al grado en que nos hayamos evadido de nuestra responsabilidad como experiencia física.

¬ŅQu√© hacer si la vida ha perdido el sentido para mi?

En el caso de ocurrir esta circunstancia estando en un proceso de duelo, por una gran pérdida o frustración, simplemente ser conscientes de que es una situación transitoria que debemos permitirnos vivir.

En el caso de que esta circunstancia se est√© manifestando de forma cr√≥nica, debemos entender que estamos escogiendo un criterio equivocado para la b√ļsqueda del sentido de la vida.

Dado que el criterio es interno del individuo, es dentro del propio individuo donde hay que encontrar qué es lo que le lleva a no ser consciente de su error a la hora de buscar.

¬ŅPor qu√© creo que la vida no tiene sentido?

Porque me opongo a ella. Evidentemente, ¬Ņc√≥mo no oponerse a las situaciones dolorosas?

En este punto quiero hacer una diferenciación entre dolor y sufrimiento.

El dolor es la vivencia real y presente inversa a lo agradable. 

El sufrimiento es a√Īadir a esa misma vivencia una retah√≠la de di√°logos mentales relacionados con victimismo, enjuiciamiento, resistencia, y otras m√ļltiples manifestaciones del miedo.

Digamos que a la vivencia del dolor presente, le a√Īado todo mi dolor vivido en el pasado, y todo el dolor que puedo imaginar para mi en un futuro. De esta forma convertimos el dolor en sufrimiento.

Esta segunda opción acaba destruyendo, física y mentalmente al individuo, que acaba por perder el interés por la vida, y por lo tanto lo arrastra a adquirir conductas autodestructivas para sí mismo y para las personas de su entorno.

El sentido de la vida desde la filosofía

La filosofía son palabras, y por tanto, diálogos mentales. Las palabras son el vehículo imprescindible para llegar al punto, en el que realmente se encuentra el punto de salida, para recorrer el camino interior que lleva a conocer el sentido de la vida.

Este punto al que me refiero es paradójicamente entender que son las propias palabras las que nos quitan el sentido de la vida.

Es algo similar al transbordador espacial. Para salir de la atm√≥sfera lleva adosados unos cohetes propulsores imprescindibles, que una vez se alcanza la propulsi√≥n precisa, son desechados pues resultan un estorbo para la misi√≥n y retorno a la atm√≥sfera del transbordador. 

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