🥇 ¿Dejo a mi pareja? | Soluciones Emocionales

¿Dejo a mi pareja?

¿Debo dejar a mi pareja?

Escriba un listado con lo que usted necesita encontrar en una pareja.

Tras ello con la máxima honestidad posible, valore de 0 a 10, cuánto de cada uno de los puntos de la lista está usted aportando a su pareja.

Medite sobre aquellos que le parezcan insuficientes, y pregúntese si desea potenciarlos. Si la respuesta es no, y esto le lleva a decidirse por la ruptura, sepa que dejar a su pareja no le evitará tener que aprender a potenciar dichas carencias en su siguiente pareja o en sus hijos, familia, compañeros de trabajo, amigos etc.

Dejar a la pareja no es bueno ni malo, pues es ambas cosas a la vez, y por lo tanto ninguna de ellas por separado.

Dejar a su pareja puede llevarle a la liberación, o al remordimiento. Ser dejado puede llevar a la depresión, o al aprendizaje evolutivo.

La ruptura es neutra, es nuestro enfoque lo que la pinta de buena o mala.

La decisión que se tome respecto a dejar o no a nuestra pareja contiene motivos para sentirse en paz y motivos para sufrir.

Si la decisión está tomada con la cabeza, los motivos para sufrir se verán más intensos, si la decisión está tomada con el corazón, los motivos para sufrir se verán mucho más pequeños.

¿Cómo dejar a mi pareja si vivimos juntos?

Son escasas las relaciones de pareja rotas, que pueden seguir compartiendo vivienda en paz tras la ruptura. Es como hacer el duelo por la muerte de un familiar amado, teniendo el cadáver en un ataúd de cristal dentro de nuestra casa.

Es muy común que la pareja no se decida a romper, por la incertidumbre que genera la posible pérdida de la vivienda, o de las condiciones de vida. Evidentemente, la vivienda entra dentro de las necesidades humanas preferentes, pues está relacionada con la continuidad de la supervivencia.

Lo que debemos poner en tela de juicio es si estamos manteniéndonos en una relación por cubrir la necesidad básica de vivienda, o si es por mantener un estatus o unos niveles de confort físico.

En ese caso simplemente ser conscientes de que estamos prefiriendo incomodidad emocional a incomodidad física, lo cual es una elección tan digna como cualquier otra.

Es común caer en autoengaños y justificar otros motivos para nuestra permanencia en una relación que ya no deseamos dado que en nuestra cultura occidental se cuentan por millares los mensajes que nos dicen que los sentimientos son más importantes que lo material.

Lo cual no veo claramente reflejado en la práctica, e incluso he visto utilizar valores espirituales y de gran profundidad emocional, para vender productos de mercado, algunos tan espirituales como la usura.

Dejar a nuestra pareja supone salir de nuestra zona de confort o zona previsible. Incluso hay un refrán muy conocido para este concepto: “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.

Salir de nuestra zona de confort puede producir pánico, y ante ello comenzamos a justificar.

En ocasiones ha de ocurrir algo que, literalmente nos expulse de la zona de confort para que nos aventuremos a salir de ella.

Por ejemplo: Un hombre insatisfecho con su matrimonio, justificaba durante años el aguantar dicho estado por la corta edad de sus hijos, y lo imprescindible de la unión familiar para dichos hijos.

Pasado un tiempo, supo que su mujer estaba enamorada de otro hombre y que eran amantes en secreto desde hacía unos meses.

Entonces ya no importó la unión familiar, ni los hijos, ni nada de nada, y reclamó inmediatamente el divorcio, y la ruptura de la convivencia.

¿Cómo saber si quiero dejar a mi pareja?

La pregunta; ¿Cómo saber si quiero…? ya está dejando evidencia de un nivel de confusión interior preocupante.

Si ni tan solo puedo saber lo que quiero, es mejor comenzar un camino de autoconocimiento, mediante técnicas de autobservación, para aprender a reconocer, y gestionar nuestros estados emocionales.

Es muy probable que nuestra propia confusión la estemos viendo proyectada sobre nuestra pareja, y pensemos que, una vez fuera de esa relación alcancemos nuestro bienestar.

Dejar a nuestra pareja, sin tener claro lo que sentimos, es como comprometerse sin saber lo que se siente por la persona con la que nos comprometemos.

Observe sus vísceras, sus tensiones en musculatura cervical, y mandibular, cuando su pareja comienza a hablar, o simplemente piensa en su presencia. Su mente puede estar llena de dudas, prejuicios, miedos y conjeturas, pero su cuerpo no sabe mentir, y le estará dando la respuesta a esta pregunta.

¿Debo dejar a mi pareja después de muchos años de relación?

¿Aporto a mi pareja lo que yo busco en una relación?

¿Me aporta mi pareja lo que busco en una relación?

¿Le he comunicado, (comunicar no es pedir), a mi pareja de manera clara, concisa y pacífica, lo que necesito?

¿Deseo que mi pareja cambie un rasgo personal que ya tenía cuando iniciamos la relación?

¿Continuaría con mi pareja si me tocasen 5 000 000€ en la lotería?

¿Tener un tic desde hace 15 años, es un buen motivo para no intentar dejar de tenerlo?

Mantener una relación por su antigüedad, y no por su funcionalidad, dará aires de museo a nuestra vida.

¿Dejo a mi pareja por otra persona?

Las relaciones de pareja son vistas como una forma de compartir camino de vida, intimidad sexual, y en ocasiones formar familias.

Desde una perspectiva espiritual, la pareja es algo similar a un informe técnico de nuestro estado de consciencia, que nos permite analizar aquella parte de nosotros que no vemos, o no queremos ver.

Para mirarme la cara necesito un espejo, pero si quiero verme el cogote necesito dos espejos. La pareja es ese segundo espejo, el que muestra aquella parte de nosotros que no vemos.

Una persona que dé gran importancia a su peinado utilizará el doble espejo para comprobarlo por la parte trasera antes de salir de casa. 

Una persona que dé gran importancia a sus niveles de autoconocimiento, y de consciencia por tanto, tendrá muy en cuenta que es lo que su pareja le refleja.

No tener en cuenta este mecanismo nos lleva a una situación muy común. Es la repetición, o sea la sensación de que en nuestra vida lo único que cambia es el nombre y la cara de nuestra pareja, pero en cuanto a resultados, en esencia, pareciera ser la misma relación todas las veces.

Dejar a nuestra pareja por otra persona no es bueno ni malo. Simplemente seamos conscientes de no marcharnos de la relación actual sin aprovechar la oportunidad de aprendizaje que la relación anterior nos brindaba.

Lo más difícil, dejar a tu pareja queriéndola

La diferencia entre una relación familiar o amistosa, y una relación de pareja es sexual y sensual.

Con un familiar o una amistad se puede convivir, tener gran confianza y complicidad, desear estar juntos todo el día, y juntos en el futuro, se puede tener un proyecto de vida en común, etc. 

Si a todos estos lazos le añadimos la parte sensual y sexual, entonces hablamos de pareja o de incesto. 

En una ruptura de pareja la parte que se rompe es la de la supuesta exclusividad sensual y sexual, pero es muy habitual que la parte del respeto, el amor que se siente por dicha persona desde el ángulo «amistad/familiar» se mantenga intacto o incluso se intensifique durante el proceso de ruptura, dado que perder algo, es lo que más valor le aporta a dicho algo.

Suele ocurrir que la persona dejada utilice ese cariño para chantajear emocionalmente a su expareja mediante la culpabilidad, o simplemente decida dejar de relacionarse con su expareja para no revivir una y otra vez el malestar de no poder continuar con una relación que sigue deseando.

Si dejamos a nuestra pareja debemos respetar su proceso y aceptar todos los puntos del proceso de duelo; negación, enfado, negociación, tristeza, y aceptación.

En ocasiones el peso de nuestro sentido de culpabilidad y nuestras inseguridades, nos lleva a tener conductas que confunden nuestra expareja alargando con ello su proceso de duelo.

Ya no quiero a mi pareja

¿Se lo ha dicho de manera clara y sin ambigüedades?

¿Usted querría continuar en una relación, en la que supiese que ya no está aportando a su pareja eso que su pareja busca en la relación?

Mantener una relación con una persona que ya no queremos convertirá nuestra vida en el equivalente a ese rato en el que nos despiertan las ganas de orinar, pero no queremos salir de la cama. 

Ni orinas, ni duermes, pues la mente está en el wc y el cuerpo en la cama, con lo cual vivimos en la incoherencia.

La incoherencia es la causa de muchísimas disfuncionalidades a la hora de relacionarnos social y familiarmente.

Esto ocurre porque vivir en ese estado produce estados emocionales que llevan a la persona a la tristeza, el enfado, la ansiedad, o una combinación aleatoria de los tres estados.

Con este caldo de cultivo no tardan en aparecer somatizaciones físicas.

Esto no quiere decir que si no quiere a su pareja y sigue en la relación usted vaya a convertirse en un saco de sufrimiento.

Simplemente sea consciente y responsable con lo decidido.

La responsabilidad es la clave. No se victimice, ni proyecte su frustración sobre la situación ni sobre las personas del entorno por causa de una decisión personal.

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